De rayadas y otras paranoias
Hoy no tengo el día muy alegre, la verdad es que pasan cosas a mi alrededor que no me gustan, y no puedo evitar rayarme la cabeza con ellas. Preferiría no enterarme de algunas cosas, ser ignorante pero feliz, pero no puedo, y uno siempre se preocupa por sus amigos, incluso aunque no lo merezcan.
En fin, que cuando estoy así, me gusta enrocarme en mi mismo, en mi musiquita (¿por qué se moriría Roy Orbison, cuando mejor lo estaba haciendo?), y en mis textos, unos propios y otros leídos por ahí. Ahí va uno que me gusta especialmente, para empezar.
La verdad es que no me gusta mucho mirar por la ventana de casa, vivo en un 2º piso y el paisaje que me rodea está lleno de otras ventanas que, como la mía, solo miran a otras ventanas que al mismo tiempo miran a mi ventana, ventanas que no dicen nada, que simplemente están cerradas, celosas de su intimidad.
Cada noche, de todos modos, me quedo unos segundos mirando por la ventana ¡cuando siempre me encuentro con lo mismo! Me doy cuenta de que me he equivocado, entonces dejo caer la mirada por el bosque de edificios buscando alguna novedad, pero cada día el mismo resplandor eléctrico de los televisores, las mismas miradas perdidas, el mismo límite en mi sueño. Muchas veces me engaño y pienso que si estuviera en una película en vez de mirar con las manos colgando sobre la barandilla estaría fumando un cigarrillo, y en el límite de la pared de enfrente, allí donde ahora se detienen las imágenes, encontraría la luz que se enciende dentro de un piso. Yo seguiría fumando mientras tú te acercas a tu ventana, desde allí me mirarías, con esa sensación de cansancio por el trabajo, por no encontrar a nadie en una ciudad tan llena de gente, por mirar siempre por la misma ventana... me mirarías y pondrías música, música de violines que inundaría el ambiente.
Y encenderías un cigarrillo, y te quedarías allí pensando en mí.
¡Pero solo me engaño! En el otro lado del mundo solo hay ventanas vacías y la música que se escucha es la de la teletienda... Tampoco fumo, solo intento encontrar un poco de un paisaje que me lleve hasta un sueño de descanso, pero no puedo, la realidad tiene demasiados ladrillos, tiene demasiadas ventanas cerradas. De todas formas continúo en la ventana, hace rato que he cerrado los ojos, así que no hace falta ni que salgas ni que pongas música.
(Sonido de olas en una playa desierta.)
Ahora he cambiado la ventana por un balcón y los edificios por olas de sal.
¿La escuchas? Es la voz del tiempo y del infinito, es la voz de todo lo que todavía es posible, es la voz de mi sueño... He decidido pasar aquí la noche, entre la arena y el horizonte, con los ojos cerrados ¡bien fuerte! para no despertar, simplemente para poder continuar soñando contigo.
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